Páginas

30 de noviembre de 2011

Cine // Todos los mundos, bailados


CINE › PINA, FILMADA EN 3D, TAL VEZ SEA EL NACIMIENTO DEL HIPERCINE

El documental refleja el universo en estado de expansión de Pina Bausch y no sólo fusiona cine y danza con beneficios mutuos, sino que empuja a ambos lenguajes a un salto cualitativo. Hasta el punto de que tal vez esté fundando una forma nueva.







“No sé cómo hacerlo”, repitió durante veinte años Wim Wenders a Pina Bausch, cada vez que ella le preguntaba cuándo filmarían su proyecto à deux. Los films de danza existentes no convencían al realizador de Las alas del deseo, que tenía la sensación de que algo se perdía al pasar del escenario a la pantalla. Finalmente, Wenders supo cómo hacerlo: en 3D. Por más que hasta ahora la industria la haya usado casi exclusivamente como un simple chiche nuevo, la estereografía permite devolver volumen al cuerpo, profundidad al espacio. Ahora sí, el cine estaba en condiciones de restituir los tres elementos sobre los que trabaja la danza (cuerpo, espacio, movimiento), añadiendo la posibilidad que da la cámara de meterse entre los bailarines, cambiar de enfoque, saltar de un plano a otro. Wenders estaba en lo cierto. Gracias al 3D, Pina –a la que el fallecimiento de la propia Pina, poco antes del comienzo del rodaje, convirtió en monumento en su memoria– no sólo fusiona cine y danza con beneficios mutuos, sino que empuja a ambos lenguajes a un salto cualitativo. Hasta el punto de que tal vez esté fundando una forma nueva. Forma a la que quizá pueda dársele, por grandilocuente que suene, el nombre de hipercine.
El deslumbramiento es doble. Para el neófito (y hay que convenir en que en un lenguaje como la danza, el grueso del público lo es), descubrir el arte de Pina Bausch representará lo que para el propio Wenders, un cuarto de siglo atrás (ver entrevista): una conmoción, una revelación, un hito. Derribando todos los límites, a partir de los años ’70 Philippine Bausch hizo de la danza un lenguaje totalizador, que no se detenía ante barrera alguna. Ni física, ni mental, ni estética. El estilo de Pina Bausch son todos los estilos. Su técnica, todas las técnicas. Su estética, otro tanto. En poco menos de dos horas, Pina despliega ese universo en estado de expansión. Desde una coreo naïf, con los integrantes del elenco del Tanztheater sonriendo como niños encantados, hasta una tragedia como Ifigenia en Táuride, de Glück, con su simple vestido rojo como emblema de la sangre. Desde la épica del esfuerzo de La consagración de la primavera –en la que los bailarines deben afrontar el peso de la turba que cubre el piso, cada vez que tienen que levantar un pie– hasta la de Vollmond, con la lluvia cayendo a baldes sobre el escenario, y los propios bailarines en guerra de baldazos. Así sucesivamente y al infinito: el angustiado minimalismo de Café Müller, la incorporación de “gente común” (adolescentes y de la tercera edad) en Kontakthof, el asombro de un salto inesperado, la vitalidad de-sencadenada, el sentido del humor, la levedad, el absurdo: todos los mundos, bailados.
Wenders filma las obras mencionadas en su totalidad, durante exhibiciones en vivo y con público, en la sala del Tanztheater. Lo que para el público presente habrá resultado un engorro (dos o tres cámaras grandotas, moviéndose sin parar entre los bailarines), al espectador de cine le permite “meterse”, de un modo que el 3D convierte en experiencia casi táctil, dándole a cada cuerpo un relieve hiperreal y haciendo de cada coreografía un organismo en movimiento. Ese cuerpo central de Pina se complementa con tres clases de fragmentos, que se intercalan en el curso del metraje. Uno de ellos está constituido por pequeños números solistas, filmados en las calles de Wuppertal. Según declara, Wenders habría pedido a los bailarines que bailaran para él sus recuerdos sobre Pina. Parece poco probable que respondan a ese precepto la historia de amor entre un miembro del elenco y un hipopótamo de artificio, o el hombre que baila mientras un perro callejero lo persigue a mordiscones, o la señora que sube al monorriel intentando aplastar a alguna clase de bicharraco invisible. En cualquier caso, se trata de números vívidos, aireados y sorprendentes, destacándose sobre todo los que tienen lugar en el monorriel suspendido, cuya carrera hacia el fondo del plano el 3D vuelve semejante a una montaña rusa.
Los otros fragmentos que se intercalan son una serie de soliloquios de los miembros del elenco, la mayoría de ellos recordando los particulares métodos de enseñanza de Pina (más propios de una maestra zen que de una simple coreógrafa), y algunos registros, en 16 mm blanco y negro, de fotos fijas, ensayos y presentaciones de la propia Bausch. Si los primeros planos de los bailarines lucen en ocasiones demasiado “actuados”, la decisión de incluir los materiales de archivo es, seguramente, el mayor error de Wenders. Esos fragmentos desentonan tanto en términos técnicos y visuales como dramáticos, volviendo crasa una presencia que el resto del material invoca como fantasma omnipresente. Que es lo que Pina Bausch representa para quienes la conocieron y también, desde el momento de su muerte, para la cultura contemporánea en su totalidad.
Página/12 del JUEVES, 6 DE OCTUBRE DE 2011


28 de noviembre de 2011

Calabobos

que llueva con sol ya no significa nada
antes sí, cuando todavía podíamos ver el cielo
desde la ventana del asiento de atrás,
pero ahora casi que no

en ese entonces era rarísimo
era distinto ver caer gotas encendidas
y divisar allá arriba nubes como siluetas, 
como espesos manchones de tinta china 
esparcidos sobre el cielo reconstruido

suele suceder, nos decían
porque creían que nos merecíamos 
una aclaración adulta
y uno empezaba a preguntarse qué era común y qué no;
uno terminaba suponiendo que era cierto,
que lo ambiguo sucede todo el tiempo

esta bien
que llueva con sol ya no sorprende,
nos arrebataron eso o quizás lo perdimos,  
pero que llueva sin ruido es otro asunto:
que las gotas caigan como pan de miga sobre el piso
que reboten como bandas elásticas
miles
millones de bandas elásticas mojadas 
que cubran el horizonte
que empapen
que inunden las calles 
y besen los cordones y terminen por desparramar
toda la basura que dejamos fuera
sin emitir un solo sonido
sin siquiera permitirse un susurro
un escueto respiro 
una guiño de complicidad,
que la lluvia entre en el día de puntillas
como la muerte repentina
eso
me temo
es un misterio nítido
un pobre milagro filtrándose en la tarde del mundo


25 de noviembre de 2011

24 de noviembre de 2011

Gefidrofobia

ahora que han conseguido erradicar las ideas de color
el hombre medio muere de empacho o casualidad
delante de un televisor
bajo un poste de iluminación
sobre una hamaca paraguaya prestada

engañada por los principios fantasma,
(los del atlético camarada
y el buen tío seleccionador)
estigmatizados los himnos lisérgicos
y recortados los versos del siglo hemático
la humanidad se nutre de malvadiscos y de temores diseñados a medida
presurosa a la hora de abandonar como a un perro malo en el campo
los ímpetus movilizadores sobrevivientes

a mil años vista
tendremos la gran ola de polvo
la lluvia de meteoritos
la vibración monumental que esperamos
y tal como soñamos
habrá oportunidad de jugar a ser héroes,
participes netos
de redimirnos en un solo gesto
antes del sonoro acorde final

mientras tanto
la insatisfacción nos obligará a dividir los residuos en quince
y a considerar la bebida light
como una alternativa ventajosa
envejeceremos pues
desapercibidos

de seguro seguiremos haciendo cine
escribiendo discursos puros
tanteando con nuestras manos
los alcances de tanta libertad
pero
a quien le importa

23 de noviembre de 2011

Otro río que pasa #8 (Década del Y2K) + Peyrou

Cuestión de decidir


Misteriosa todavía
aún no sé de qué hablo ni por lo tanto su género pero
la a es mi letra favorita
el uno es mi número predilecto pero
solamente casi siempre.
Sólo me interesa una parte
del cuerpo dije
te hacen falta al menos dos me contestó
me refiero al corazón añadí risueño
yo al corazón y al pie declaró vencedora.

Misteriosa la conversación laberinto
misteriosa la duda
también
el dos es mi número predilecto.

El mar es mi agua preferida junto con la lágrima la nieve
el vaso junto a la cama.



de De las cosas que caen (Bajo la Luna Poesía) - Mariano Peyrou // 2004

Cuentos #2 - Fernando Sorrentino

Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza


Existe un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza. Justamente hoy se cumplen cinco años desde el día en que empezó a pegarme con el paraguas en la cabeza. En los primeros tiempos no podía soportarlo; ahora estoy habituado.
No sé cómo se llama. Sé que es un hombre común, de traje gris, algo canoso, con un rostro vago. Lo conocí hace cinco años, en una mañana calurosa. Yo estaba leyendo el diario, a la sombra de un árbol, sentado en un banco del bosque de Palermo. De pronto, sentí que algo me tocaba la cabeza. Era este mismo hombre que, ahora, mientras estoy escribiendo, continúa mecánica e indiferentemente pegándome paraguazos.
En aquella oportunidad me di vuelta lleno de indignación: él siguió aplicándome golpes. Le pregunté si estaba loco: ni siquiera pareció oírme. Entonces lo amenacé con llamar a un vigilante: imperturbable y sereno, continuó con su tarea. Después de unos instantes de indecisión y viendo que no desistía de su actitud, me puse de pie y le di un puñetazo en el rostro. El hombre, exhalando un tenue quejido, cayó al suelo. En seguida, y haciendo, al parecer, un gran esfuerzo, se levantó y volvió silenciosamente a pegarme con el paraguas en la cabeza. La nariz le sangraba, y, en ese momento, tuve lástima de ese hombre y sentí remordimientos por haberlo golpeado de esa manera. Porque, en realidad, el hombre no me pegaba lo que se llama paraguazos; más bien me aplicaba unos leves golpes, por completo indoloros. Claro está que esos golpes son infinitamente molestos. Todos sabemos que, cuando una mosca se nos posa en la frente, no sentimos dolor alguno: sentimos fastidio. Pues bien, aquel paraguas era una gigantesca mosca que, a intervalos regulares, se posaba, una y otra vez, en mi cabeza.
Convencido de que me hallaba ante un loco, quise alejarme. Pero el hombre me siguió en silencio, sin dejar de pegarme. Entonces empecé a correr (aquí debo puntualizar que hay pocas personas tan veloces como yo). Él salió en persecución mía, tratando en vano de asestarme algún golpe. Y el hombre jadeaba, jadeaba, jadeaba y resoplaba tanto, que pensé que, si seguía obligándolo a correr así, mi torturador caería muerto allí mismo.
Por eso detuve mi carrera y retomé la marcha. Lo miré. En su rostro no había gratitud ni reproche. Sólo me pegaba con el paraguas en la cabeza. Pensé en presentarme en la comisaría, decir: "Señor oficial, este hombre me está pegando con un paraguas en la cabeza". Sería un caso sin precedentes. El oficial me miraría con suspicacia, me pediría documentos, comenzaría a formularme preguntas embarazosas, tal vez terminaría por detenerme.
Me pareció mejor volver a casa. Tomé el colectivo 67. Él, sin dejar de golpearme, subió detrás de mí. Me senté en el primer asiento. Él se ubicó, de pie, a mi lado: con la mano izquierda se tomaba del pasamanos; con la derecha blandía implacablemente el paraguas. Los pasajeros empezaron por cambiar tímidas sonrisas. El conductor se puso a observarnos por el espejo. Poco a poco fue ganando al pasaje una gran carcajada, una carcajada estruendosa, interminable. Yo, de la vergüenza, estaba hecho un fuego. Mi perseguidor, más allá de las risas, siguió con sus golpes.
Bajé –bajamos– en el puente del Pacífico. Íbamos por la avenida Santa Fe. Todos se daban vuelta estúpidamente para mirarnos. Pensé en decirles: "¿Qué miran, imbéciles? ¿Nunca vieron a un hombre que le pegue a otro con un paraguas en la cabeza?". Pero también pensé que nunca habrían visto tal espectáculo. Cinco o seis chicos empezaron a seguirnos, gritando como energúmenos.
Pero yo tenía un plan. Ya en mi casa, quise cerrarle bruscamente la puerta en las narices. No pude: él, con mano firme, se anticipó, agarró el picaporte, forcejeó un instante y entró conmigo.
Desde entonces, continúa golpeándome con el paraguas en la cabeza. Que yo sepa, jamás durmió ni comió nada. Simplemente se limita a pegarme. Me acompaña en todos mis actos, aun en los más íntimos. Recuerdo que, al principio, los golpes me impedían conciliar el sueño; ahora, creo que, sin ellos, me sería imposible dormir.
Con todo, nuestras relaciones no siempre han sido buenas. Muchas veces le he pedido, en todos los tonos posibles, que me explicara su proceder. Fue inútil: calladamente seguía golpeándome con el paraguas en la cabeza. En muchas ocasiones le he propinado puñetazos, patadas y –Dios me perdone– hasta paraguazos. Él aceptaba los golpes con mansedumbre, los aceptaba como una parte más de su tarea. Y este hecho es justamente lo más alucinante de su personalidad: esa suerte de tranquila convicción en su trabajo, esa carencia de odio. En fin, esa certeza de estar cumpliendo con una misión secreta y superior.
Pese a su falta de necesidades fisiológicas, sé que, cuando lo golpeo, siente dolor, sé que es débil, sé que es mortal. Sé también que un tiro me libraría de él. Lo que ignoro es si el tiro debe matarlo a él o matarme a mí. Tampoco sé si, cuando los dos estemos muertos, no seguirá golpeándome con el paraguas en la cabeza. De todos modos, este razonamiento es inútil: reconozco que no me atrevería a matarlo ni a matarme.
Por otra parte, en los últimos tiempos he comprendido que no podría vivir sin sus golpes. Ahora, cada vez con mayor frecuencia, me hostiga cierto presentimiento. Una nueva angustia me corroe el pecho: la angustia de pensar que, acaso cuando más lo necesite, este hombre se irá y yo ya no sentiré esos suaves paraguazos que me hacían dormir tan profundamente.

Fotomartes // Siganme los buenos


21 de noviembre de 2011

Agujeros negros #2

vea
uno mismo no es más que uno
o si quiere
lo es erráticamente y por desvarío
pero en la altura irrespirable de la plástica literaria
usted es usted mismo y un reguero de formas variopintas,
y con las cosas sucede igual

así es que se permite a quien va a dormir masticando trance
juzgar al sol de la mañana
como una derrota
ah! porque los astros también levantan polvo
en esas avenidas de la multifacialidad que nunca se riegan.

claro que es usted quien decide,
quien dice: esto es esto
y aquello aquello otro
claro que se puede vivir sin jamás batirse a duelo

ahora le digo
a ver qué le parece:
lo mismo son expresiones de la muerte
el abandono y los mudos
armisticios familiares
que un hondo desgarro en los ligamentos cruzados.


20 de noviembre de 2011

DR + Italia

Hay un solo mundo habitado
por hombres
y esto es más que cierto
un solo mundo, un globo donde cazar al hombre
es el deporte en que todos coinciden.
No puede ser un puro
hecho de maldad
o el deseo impelente
que al final el sol se apague.
Habrá otra cosa, habrá un porqué
pero en esto los dioses no se ponen de acuerdo.
Sólo por eso han inventado el tiempo,
el espacio y un puñado de vivientes.
Necesitan meditarlo
porque si algún acuerdo hubiera
de su crepúsculo ya no se hablaría
y entonces
pobres hombres sin dioses ni demonios,
la última, la peor de las infamias.


/C'è un solo mondo abitato
da uomini
e questo è più certo
un solo mondo, un globo in cui la caccia all'uomo
è lo sport in cui tutti sono d'accordo.
Non può essere un puro
fatto di malvagità
o il desiderio impellente
che infine il sole si spenga.
Ci sarà altro, ci sarà un perché
ma su questo gli dèi sono discordi.
Solo per questo hanno inventato il tempo,
lo spazio e una manciata di viventi.
Hanno bisogno di pensarci su
perché se un accordo ci fosse
del loro crespuscolo non si parlerebbe più
e allora
poveri uomini senza dèi né demoni,
l'ultima, la peggiore delle infamie./


***

La vida oscila
entre lo sublime y lo inmundo
con cierta propensión
a lo segundo.
Sabremos algo más
después de las últimas elecciones
que se harán allá arriba
o abajo o en ningún lugar
pues ya fuimos elegidos
todos
y quien no lo fue
está mucho mejor aquí,
y cuando se da cuenta
ya es demasiado tarde
les jeux sont faits
dice el croupier por última vez
y con su cucharón
barre las cartas.

/La vita oscilla
tra il sublime e l'immondo
con qualche propensione
per il secondo.
Ne sapremo di più
dopo le ultime elezioni
che si terranno lassù
o laggiù o in nessun luogo
perché siamo già eletti
tutti quanti
e chi non lo fu
sta assai meglio quaggiù
e quando se ne accorge
è troppo tardi
les jeux sont faits
dice il croupier per l'ulitma volta
e el suo cucchiaione
spazza le carte./


de Cuaderno de cuatro años, Eugenio Montale

18 de noviembre de 2011

«It must be hard being a king..» (Remastered)


 (..Forrest, Forrest Gump)

detrás del sol
arriba suyo
antes que el ardor gutural del primer alarido
de la incipiente lagrima sombra
antes aún que la muerte   
y muy por detrás
en la frontera del cinismo
ajena como la luna cuando se muestra durante el día
la negra belleza que supone
crear y abandonar

La laguna, ¡treinta y una! (o 3 poemas de la generación del 90 ¿?)

Sin llaves y a oscuras

Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.
Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro,
la basura en la mano.

de El Salmón, Fabián Casas

Poema de amor desde la cárcel


Tu carne no cierra
y esta zanja
es un tajo de muerte
tu sombra abierta
en la zanja es
un tajo de muerte
la carne del mundo
y hay un gritón enfermo
hijo de una hermosa gimnasta
un alma que corre
con autos de fuego
en las autopistas de nada
de una zanja.
La carne se cierra
el metal hierve
yo cosía tus manos
con el algodón de mi raza
más dulce
que el terror
a la altura.



de La Zanjita, Juan Desiderio


La ciudad

Pese a todos los libros de cartón mal armados; mal pegados;
pese a todas las palabras y los pensamientos tilingos,
sobreviviremos.

Mail tras mail y puño por puño, sobreviviremos.

Construiremos otra ciudad, otro barrio de Once,
otra estacion ferroviaria, otra plaza,
si estamos juntos, solo juntos, compañera de todo;
pese a la bronca y la violencia construiremos un mundo
nos levantaremos con ganas, como me decís en tus mensajes:
¡qué ganas de verte; cómo te extraño!

Librito tras librito, construiremos todo de la nada,
¡El barrio estará orgulloso!

Cuántos mas libritos de cartón fabriquemos,
mas niños los leerán.

Construiremos caminos, puentes, obeliscos y casas,
y al final del camino una prole de críos nos dirán gracias.

Comenzaremos unidos y terminaremos en pedacitos
de otros que son como nosotros;
hijos, solaris, compañeros, soñadores y esclavos.

Esta ciudad nos recordará a otras
se meterá de prepo en el alma de otras.

Acá estará siempre Buenos Aires, Nuevo Once,
La República de todos.
A un cartonero

Washington Cucurto

17 de noviembre de 2011

Dice que le pongas mucha Gelman

De adelante para atrás, JG.

La Historia y Poetas

La respiración del lenguaje establece
la sucesión de miserables
morales. Los otros, ya se sabe:
sus silencios no cierran nunca 
y dan vuelta la esquina
con bocas que no sueñan. Los morales,
legales y dudosos, hablan
pesadillas sin fin.
El distraído pide algo
que no haga pensar.
En la distancia entre él y él mismo
suceden desgracias de la lengua. 

(México, 2000)

Gotán

Esa mujer se parecía a la palabra nunca, 
desde la nuca le subía un encanto particular, 
una especie de olvido donde guardar los ojos,
esa mujer se me instalaba en el costado izquierdo.

Atención atención yo gritaba atención
pero ella invadía como el amor, como la noche,
las últimas señales que hice para el otoño
se acostaron tranquilas bajo el oleaje de sus manos.

Dentro de mí estallaron ruidos secos,
caían a pedazos la furia, la tristeza, 
la señora llovía dulcemente
sobre mis huesos parados en la soledad

Cuando se fue yo tiritaba como un condenado,
con un cuchillo brusco me maté,
voy a pasar toda la muerte tendido con su nombre,
él moverá mi boca por última vez. 
(Buenos Aires, 1962)


15 de noviembre de 2011

\Personajes\ 1.-

Sócrates Scholfield

Su existencia siempre ha planteado duda. Del problema se han ocupado Santo Tomás, San Anselmo, Descartes, Kant, Hume, Alvin Plantinga. No ha sido el último Sócrates Scholfield, titular de la patente registrada en el U.S Patent Office en 1914 con el número 1.087.186. El aparato de su invención consiste en dos hélices de latón montadas de manera que, girando lentamente cada una en torno a la otra y dentro de la otra, demuestran la existencia de Dios. De las cinco pruebas clásicas, ésta es la llamada prueba mecánica.


de La sinagoga de los iconoclastas - Juan Rodolfo Wilcock 

Fotomartes // Lengüetazos de vaca



The Foundling Brothes + Vete de mí

Manuel Juan Expósito era adoptado. Había sido depositado fuera originalmente y quienes le facilitaron la documentación procuraron dejarlo en claro. Parece ser que él así lo quería también, pero persiguiendo lo contrario.
Sus hijos, Homero primero, y Virgilio en segundo lugar, dejaron la casa paterna cargando con el apellido y el peso de sus nombres y según el caso, fundaron confiterías y orquestas menores y mayores, escribieron o tocaron, estudiaron, viajaron, bebieron, conocieron el éxito, se enfermaron, murieron.  
En medio de todo aquello -en 1936, concretamente- salieron con estos versos dispuestos en un bolero:


Tú, que llenas todo de alegría y juventud
y ves fantasmas en la noche de trasluz
y oyes el canto perfumado del azul
vete de mí.

No te detengas a mirar
las ramas viejas del rosal
que se marchitan sin dar flor,
mira el paisaje del amor
que es la razón para soñar y amar.

Yo, que ya he luchado contra toda la maldad,
tengo las manos tan deshechas de apretar
que ni te puedo sujetar,
vete de mí.

Seré en tu vida lo mejor
de la neblina del ayer
cuando me llegues a olvidar
como es mejor el verso aquel
que no podemos recordar. 



En el 2003 se juntaron Bebo Valdez y Dieguito El Cigala y en su Lagrimas Negras incluyeron ésta versión:




A partir de allí y hasta hoy, cientos de jóvenes entusiastas hicieron lo mismo que yo hago ahora.
Ésta admiración mía, una redundancia.

14 de noviembre de 2011

Fuera de programa + Shuntaro Tanikawa

El Ingenuo

La propia punta de los pies se ve terriblemente lejos
los cinco dedos, como cinco desconocidos,
se congregan indiferentes

junto a la cama hay un teléfono que me conecta con el mundo
pero no hay nadie a quien quiera llamar
desde que recuerdo, mi vida sólo consiste en tareas por hacer
ni mi padre ni mi madre me enseñaron cómo hablar de
las cosas que suceden en el mundo

me apoyo en versar de una frase a otra desde hace cuarenta años
si me preguntan: ¿tú quien diablos eres?, responder “soy un poeta” como lo más seguro
es algo ambiguo
cuando abandoné a aquella mujer... ¿era un poeta?
cuando como mi papa asada favorita... ¿soy un poeta?
yo, el de la cabeza adelgazada... ¿acaso un poeta?
hombres semejantes, de edad mediana y que no son poetas, abundan

yo sólo soy un niño ingenuo
que persigue mariposas de palabras bellas
ese niño -genio y figura-
jamás notó el herir a otros
sino hasta su sepultura

la poesía
es tan absurda

de Sin conocer al mundo, Shuntaro Tanikawa, Traducción: Cristina Rascón Castro

Distante relumbrar (En adelante DR) + México

Xxxx

Existe un pasillo
de ladrillos rojos
donde
            en noches de lluvia
los caracoles
corren en el
            tiempo

son fieles al desplazamiento
            los excita
            recuerdan
            que son hermafroditas

se miran las antenas
y se burlan de los viejos
            que pasan a su lado

tienen un caparazón
pletórico de truenos

            que se libera
            y penetra
            en la profundidad
                        de los oídos
         
            eterna venganza
            al ser asesinados

cuando los aplastan
crean resbalones
     
            se vuelven
            parte de las suelas

especialmente
en la de los niños
           para que sientan
           el primer dolor
           de la muerte

de Manuel Cuautle (Ciudad de México, 1971). Poeta, fotógrafo y promotor cultural.           

Síndrome de los husos horarios


sucede que le has puesto pitucones
a los codos desgastados del deseo
entonces imaginás la vida 
como una plastimasa nueva entre tus dedos
sin polvo 
sin pelusas 
sin mezclas irreversibles 

a la mañana le decís posibilidad
y a la posibilidad le decís desafío
tal cual reza el manual de reinvenciones
y no esta mal engañarse 
si el dolor tuviera puntos flacos
los atacarías
pero no los tiene

nosotros sí
por el contrario
nosotros confiábamos en el profesionalismo del tiempo
en la decantación natural
en nuestra condición de amantes todo terreno
en fin
ahora le decís vísperas a las tardes 
y a las vísperas work in progress

algunas de la cosas que caen 
se levantan, se soplan 
y se vuelven ubicar en su lugar
decís
con suerte 
nadie se da cuenta

yo todavía no encuentro como amueblar 
el espacio libre que dejaron tus provocaciones
mientras tanto 
mastico los días como a chicles viejos
y los embadurno en azúcar 
para que no se les vaya el gusto  


11 de noviembre de 2011

Distante relumbrar + An old all-terrain from Canada

Qué hago aquí

No sé si el mundo ha mentido
Yo he mentido
Yo no sé si el mundo ha conspirado contra el amor
Yo he conspirado contra el amor
El clima de tortura no constituye ningún consuelo
Yo he torturado
Aunque no hubiera existido la nube en forma de hongo
habría odiado
Escuchadme
Yo habría hecho las mismas cosas
aunque no existiera la muerte
Me niego a que se me sujete como a un borracho
bajo el frío grifo de los hechos
Yo rechazo la coartada universal
como un ninfomaníaco que ata a un millar
en una extraña hermandad
Yo espero
a que cada uno de vosotros confiese


Esperando a Marianne

He perdido un teléfono
que olía a ti

Vivo junto a la radio
todas las emisoras a la vez
pero capto una nana polaca
la capto entre la estática
se desvanece yo espero mantengo el ritmo
viene de vuelta casi dormida

Acaso tomaste el teléfono
sabiendo que yo lo olfatearía inmoderadamente
tal vez hasta que calentaría el plástico
para recoger hasta la última migaja de tu respiración

y si no piensas volver
cómo ibas a telefonear para decirme
que no piensas volver
para así por lo menos poder discutir contigo


***

I have lost a telephone
with your smell in it.

I am living beside the radio
all the stations at once
but I pick out a Polish lullaby
I pick it out of the static
it fades I wait I keep the beat
it comes back almost asleep.

Did you take the telephone
knowing I'd sniff it immoderately
maybe heat up the plastic
to get all the crumbs of your breath

and if you won't come back
how will you phone to say
you won't come back
so that I coud at least argue.

de Flores para HitlerLeonard Cohen